ATA UNA CINTA AMARILLA AL VIEJO ROBLE

Pastor Owen Aguirre

H
ubo un joven que abandanó su casa y que salió muy disgustado de su hogar, con la intención de no volver nunca, d
urante los años que estuvo lejos desperdició su vida de una manera irracional. Se convirtió en ladron y finalmente terminó asesinando a una persona. Fue llevado a la carcel por sus delitos y pasó varios años condenado. Estando en prision, entendió el enorme dolor que le había causado a su familia.

Cuando llegó el termino de su condena, escribió una carta a su padre diciéndole que quería volver a su casa y que entiende, que él pueda estar enfadado por lo que hizo, por tanto, si decide no recibirlo, lo entenderá.

Solo le pide una cosa: que si de verdad lo ha perdonado, ate una cinta amarilla en el viejo roble que esta frente a la casa y que se ve al llegar desde la estación del tren; si no hubiese ninguna cinta, él comprenderá que su padre prefiere no volver a verlo y continuará su viaje.

Cuando finalmente llega el día y se acerca al pueblo, el mira ansioso a cada momento hacia el horizonte, intentando indagar si se ha cumplido lo que ha cumplido su pedido. En su mente, como un repiqueteo constante, surge la inquietud: ¿me habrá perdonado?

Cuando faltan un par de kilometros para llegar, ve un espectáculo extraordinario: comienza a observar que en cada arbol que hay a la orilla de camino hay atada una cinta amarilla; miles de ellas son acariciadas por el viento, la gente que va en el tren comenta lo extraño que es ver tantas cintas amarillas atadas a los arboles el jóven, con los ojos arrasados por las lagrimas, no tiene dudas acerca del amor de su padre y su perdón.

Hay muchos que viven condenados a una vida sin esperanza, pues abrazan la idea de que hay pecados que Dios no perdona. Pero esto es falso! Dios nos ama con un amor infinito; mientras tengamos vida tenemos oportunidad de acercarnos a El. Dios nos espera, como el padre del hijo prodigo, para decirnos cuánto nos ama y cuán importantes somos para El.

Si te fuiste de su lado por un tiempo, ora conmigo: Señor quiero regresar, y se que tú pondrás cintas amarillas en cada arbol de aquí al infinito. -¡Te amo! Y ¡no dudo que tú me amas! Gracias por aceptarme de nuevo. Gracias por darme la bienvenida. ¡Estoy en casa de nuevo! En el nombre de Jesús, amén.


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